9/12/2005
EL VERDADERO VALOR DE LA AMISTAD
Ninguna relación puede funcionar si no aceptamos a las personas como son. Como seres humanos tendemos a querer cambiar a los demás y hacerlos a la manera que a nosotros nos parece que deben ser. Es cierto que debemos ser una influencia positiva para los demás; no hay nada de malo que imitemos lo bueno de ellos y que ellos, a su vez, imiten lo bueno de nosotros, pero los cambios que se realizan en una persona deben hacerse porque ella así lo desea y no por nuestro afán de cambiarla.

Hay seres humanos que no tienen amigos porque quieren que las personas con quienes se relacionan sean perfectas, pero, hasta donde se sabe, aún no nace la persona perfecta. Todos tenemos defectos. Muchos de nuestros defectos son producto de la herencia, la educación, el medio. Cuando una persona confía en nosotros y nos demuestra su afecto, debemos ver lo positivo que hay en ella y la oportunidad de enriquecernos aprendiendo de sus virtudes y aceptándola con sus defectos.

Muchas de las grandes amistades que han existido se han formado entre personas totalmente diferentes entre sí. El cine y la televisión, a través de su historia, han creado a los personajes de muchas de sus series basados en este principio.

Es importante entender que todos somos diferentes y que la verdadera amistad consiste en armonizar nuestras diferencias y apreciar lo mejor de nuestros amigos, aceptando aquello que no es placentero, pero que forma parte de su carácter y personalidad.

La lealtad es quizá la característica, por excelencia, de una buena amistad. Algunas veces, por trabajo, estudios u otras preocupaciones, no es posible ver a los amigos con la frecuencia que quisiéramos. Llamar a nuestros amigos por lo menos para saludarlos y saber cómo están es una forma de lealtad; obviamente olvidarnos de ellos es deslealtad.

Quizá la forma clásica de demostrar lealtad es impedir que otras personas hablen mal de nuestros amigos cuando no están presentes. Esto no es fácil. Es necesario armarse de valor para decirle a quien habla mal, que se detenga y que si tiene algo que decir de nuestro amigo o amiga, lo diga de frente.

También se demuestra la lealtad estando con nuestros amigos en las buenas y en las malas. Es más, la verdadera amistad se demuestra en los momentos de prueba, en los momentos difíciles.

Es común que cuando una persona vive en la prosperidad le sobren amigos. Esto es fácilmente observable entre los artistas, los deportistas famosos y otras personas que hacen vida pública y ganan mucho dinero. Pero, ¿qué sucede cuando se acaba el dinero? La mayoría de los pseudo-amigos desaparecen. En una verdadera amistad no hay interés material, el único interés que prevalece es el que se tiene por la persona misma. Interés por disfrutar juntos lo positivo de la vida; interés por crecer juntos; interés por disfrutar de la compañía de los amigos sin importar si son ricos o pobres, si te pueden dar algo o no.

Muchas personas tienen amigos sólo para su beneficio propio. El interés genuino se manifiesta en las personas, no en las cosas. Como amigos podemos sentir empatía y solidarizarnos epecialmente con el sufrimiento de quienes queremos. Los verdaderos amigos tienen la capacidad de entender y compartir los problemas, los sentimientos, las alegrías, en fin, las emociones en sí, pero sin hacer juicios. Cualquier alegría es más grande cuando se comparte; cualquier tristeza es más llevadera cuando se puede descargar en un amigo.


Quien tiene amigos posee una riqueza invaluable.


Escrito por Mente Cuerpo Y Emociones @ 9/12/2005 08:34:00 a.m.  
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